¿Cómo gestionar la frustración de mi hijo?

¿Cómo gestionar la frustración de mi hijo?
Isabel Marchal, psicóloga sanitaria infantil
Cuando hablamos de frustración tanto en niños y en adultos tenemos que concretar a que nos referimos exactamente al hablar de frustración.
En el siguiente post voy a hablar de qué es realmente la frustración, para una vez entendida saber cómo podemos manejarla en nuestros hijos.
¿Qué es realmente la frustración?
La frustración se puede definir como la respuesta conductual (cada niño la expresará de una forma diferente) y fisiológica (sensaciones corporales) que aparece cuando nuestro hijo espera algo que le gusta o apetece y no aparece, o se retrasa en aparecer, o se lo retiran (Mustaca, 2018)
Te pongo un ejemplo para que nos entendamos.
Un niño está jugando con su videoconsola y sin esperarlo se la apagan para que se duche (el estímulo agradable se retira).
El niño espera jugar con la videoconsola porque juega todos los martes y le dicen que hoy no se juega con ella (el estímulo agradable no aparece cuando se esperaba).
Al niño le dicen que va a jugar con la videoconsola ya pero sus padres reciben una llamada y eso hace que se retrase el momento de empezar a jugar con la videoconsola (el estímulo agradable que esperaba se retrasa).
Todas estas situaciones en cualquier persona va a conducir a experimentar ciertas emociones, pensamientos etc., que pueden generar malestar.
La cuestión es cómo se expresa ese malestar en nuestro hijo, para que nosotros entendamos como padres que su forma de expresarlo o gestionarlo es un problema.
Por lo tanto, aquí entra en juego la expectativa que tenga nuestro hijo de lo que va a ocurrir.
Esta expectativa depende en gran medida de su historia de vida o de lo que haya ido aprendiendo.
Un niño no nace con unas expectativas determinadas.
¿Por qué es importante trabajar la gestión de la frustración en niños? ¿Cómo gestionar la frustración en mi hijo?
La mayoría de situaciones de estrés en nuestro día a día proviene de la violación de expectativas de estímulos agradables, ya sea porque no aparecen o se retiran.
Por ejemplo, un divorcio, muerte de un ser querido, cambios en el trabajo que no esperábamos y nos afectan de forma negativa, son ejemplos de la violación de nuestras expectativas y es lo que llamamos frustración.
El problema no es que su hijo se frustre mucho, como indican muchos padres.
Si ese fuese el problema es irresoluble en muchos casos, ya que en el día a día experimentamos momentos de frustración de forma constante.
La frustración como la hemos definido no tiene por qué ser visible a nivel conductual.
Yo puedo frustrarme ante una noticia que me dice mi jefe y actuar como si no eso no hubiese pasado a nivel visible (aunque en tu interior experimentarás una serie de consecuencias fisiológicas, a nivel cognitivo, etc.).
Cuando los padres hacen referencia en muchas ocasiones a que su hijo tiene un problema de frustración se suele referir a respuestas que ellos observan y no encajan dentro de lo que ellos consideran lo adecuado ( y puede no serlo en muchos contextos).
¿Cómo podemos trabajar la frustración en nuestros hijos?
Lo primero es analizar en qué situaciones ocurren esas respuestas de frustración.
Si esas respuestas de frustración ocurren con mucha frecuencia en un contexto determinado tenemos que analizar ese entorno.
Es decir, imagina que tu hijo sobre todo presenta esas conductas visibles de frustración en casa, o en el fútbol.
Si esas respuestas ocurren en entornos muy concretos, también hay que analizar esos entornos.
Podemos analizar si esos entornos están generando a nuestro hijo muchas situaciones de estrés y frustración, quizás rebasando el estrés que él podría tolerar o que sería funcional de gestionar en su día a día.
Por ejemplo, si esas conductas de frustración ocurren mucho en casa sobre todo, antes que ir a modificar la conducta de nuestro hijo, es interesante primero saber que pasa en casa que sea diferente a otros entornos.
Es posible que en casa no haya horarios fijos de cuando jugar a la videoconsola por ejemplo.
Si no hay horarios fijos, tu hijo no va a saber en qué momento va a poder tener tiempo para jugar a la misma.
Si cada día le dejamos un tiempo y horario diferente, tu hijo se va a hacer unas expectativas sobre cuándo jugar que pocos días se van a cumplir, porque son cambiantes.
Por lo que va estar sometido a unas dosis de frustración elevadas y constantes en su día a día en casa.
Pongo un ejemplo de la vida adulta.
Imagina que no sabes cuándo te van a dar vacaciones en tu trabajo y que cada año cambia y te avisan momentos antes.
Esto ocurre en la realidad en ocasiones y las personas sometidas a estas circunstancias experimentan dosis de estrés elevadas.
Por lo tanto, aunque hay cosas en nuestro día a día que no se pueden predecir y van a conllevar que nos frustremos, que el entorno para nuestro hijo en casa sea lo más predecible posible reducirá sus dosis de frustración.
Volviendo a la definición de frustración.
Dijimos que la frustración puede ocurrir cuando esperas un estímulo agradable para ti pero no aparece, o cuando se te retira sin tu esperarlo.
Por ejemplo, si tu hijo juega a videojuegos y el te dice que le dejes más tiempo, y hay días que accedes y otros que no, de nuevo sus expectativas van a poder ser esperar jugar mas tiempo como otros días, por los que si no se cumple se frustrará.
Y ojo, no digo que frustrarse sea algo negativo ni positivo, es algo que forma parte de la vida.
Ahora bien, cuando ocurre a dosis frecuente de forma constante, sometemos al cuerpo a niveles de estrés altos.
Por lo tanto, si a tu hijo le pones horarios fijos del tiempo que va a jugar a la videoconsola y los días exactos y se cumplen al 100 por cien, tu hijo se frustrará menos, ya que tendrá unas expectativas ajustadas a lo que va a ocurrir en la realidad.
Esto son algunos ejemplos que he indicado, aunque siempre hay que atender a cada caso individual y ver qué pasa en los entornos de nuestro hijo.
Por otro lado, también se puede trabajar en la conducta del propio niño ante la frustración, y eso hablaremos en otro post.
Pero considero que es relevante antes de hacer eso, tener una visión global de la situación para saber dónde empezar a intervenir.
¿Cuándo solicitar ayuda psicológica para la gestión de la frustración? ¿Cómo gestionar la frustración en mi hijo?
Si como padres no entendéis qué está ocurriendo, por que vuestro hijo actúa de cierta forma ante determinadas situaciones, si lo que hacéis no os sirve a largo plazo para cambiar su conducta, pedir ayuda psicológica os puede ayudar a comprender qué está ocurriendo y con la explicación saber cómo solucionarlo.
Como psicólogo infantil en Sevilla puedo ayudarte a comprender la gestión de la frustración de tu hijo y a resolverla.
